Soluciones a corto y mediano plazo que tengan repercusión en el ámbito social de Guatemala.

  

La estabilidad económica de Guatemala no se ha traducido en una sólida reducción de la pobreza: las tasas de pobreza y desigualdad del país se encuentran entre las más altas de ALC, con una numerosa población desatendida, mayoritariamente rural e indígena y empleada en el sector informal. Se estima que en 2023 un 55,2 por ciento de la población vive en pobreza y que el tamaño de la economía informal de Guatemala representa un 49 por ciento del PIB.Un estado pequeño e ineficaz, persistentes deficiencias en el acceso a servicios básicos, limitadas oportunidades laborales y productivas y frecuentes desastres son algunos de los factores clave que han contribuido a la pobreza en Guatemala. Todos estos explican las altas tasas de emigración y la importante dependencia de la economía y los hogares de las remesas. En 2021, los emigrantes enviaron remesas por un equivalente al 17,7 por ciento del PIB del país.El puntaje del Índice de Capital Humano de Guatemala de 0,46 (2020) sigue estando muy por debajo del promedio de ALC. Los indicadores de capital humano son bajos entre los pueblos indígenas y los afrodescendientes. La tasa de desnutrición crónica infantil de Guatemala (47 por ciento) se encuentra entre las diez más altas del mundo. En varios de los municipios más pobres, la proporción de hogares con niños menores de cinco años con retraso en el crecimiento suele acercarse al 90 por ciento. Los fenómenos meteorológicos extremos y otros desastres también han revertido los avances conseguidos en capital humano, destruido infraestructuras, reducido la producción agrícola, intensificado la inseguridad alimentaria, propagado enfermedades e interrumpido servicios esenciales. Estimaciones recientes sugieren que los huracanes Eta e Iota en 2020 causaron pérdidas relacionadas con la infraestructura cercanas al 0,56 por ciento del PIB, así como pérdidas relacionadas con la agricultura cercanas al 0,20 por ciento del PIB. Guatemala, sin embargo, tiene un enorme potencial para generar crecimiento y prosperidad para toda su población. El país es rico en recursos naturales, es uno de los países megadiversos del mundo y posee vasta riqueza cultural.

Acabar con la pobreza sigue siendo uno de los mayores desafíos a los que nos enfrentamos. Las consecuencias de la pandemia y el resto de factores socio-económicos que se han agravado en los últimos años, hacen todavía más difícil que antes la lucha contra la pobreza. Por eso el esfuerzo debe mantenerse o incluso aumentarse si es posible.

A lo que se realizan las  siguientes propuestas:

    1. Terminar con el hambre y la malnutrición El hambre es a la vez causa y consecuencia de la pobreza. Esta es la razón por la que la erradicación del hambre encabeza el ranking de formas de luchar contra la pobreza. Los primeros días de vida son cruciales para cualquier ser humano. Durante esta etapa es cuando se produce el desarrollo básico de los niños y niñas y una buena nutrición juega un papel esencial. El hambre y la desnutrición en la infancia son causa de mortalidad infantil, pero también puede provocar una ralentización de su desarrollo físico e intelectual, consecuencias irreversibles que les acompañarán toda su vida. Está demostrado que una población enferma es menos productiva. La malnutrición (en cualquiera de sus formas) también acarrea graves consecuencias en la salud de las personas adultas. La obesidad, por ejemplo, puede desembocar en enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2, hipertensión, asma, problemas respiratorios o enfermedades hepáticas.

    2. Cobertura universal de la salud              Como hemos visto anteriormente, pobreza y salud están íntimamente ligadas. La pobreza provoca que la población enferma no tenga recursos para acceder a determinados tratamientos. Por otro lado, una alta incidencia de enfermedades en un territorio impide que este se desarrolle económicamente.

    3. Adaptación al cambio climático               Los desastres naturales, incrementados por los efectos del cambio climático se traducen en pérdidas de cultivos, ganado e infraestructuras. Esto incide directamente en la seguridad alimentaria de la población con menos recursos pero también en sus medios de vida

    Para acabar con la pobreza, también es necesario que apoyemos a las poblaciones más empobrecidas a que reduzcan su vulnerabilidad ante los efectos del cambio climático.

    1. Acceso universal a la educación de calidad         Sabemos que la educación es la herramienta más importante para romper el círculo de la pobreza y supone un importante impulso para generar más y mejores oportunidades en la infancia y adolescencia. Garantizar el acceso a una educación inclusiva, equitativa y de calidad a todo el alumnado es el primer paso para poner en sus manos un futuro lejos de la pobreza y lleno de oportunidades.

    2. Atajar la desigualdad de género               La pobreza tiene rostro de mujer y la desigualdad de género es una barrera más que impide a las mujeres salir de la pobreza. La brecha de género a nivel educativo y salarial, el acceso a la propiedad de la tierra y a puestos de responsabilidad o la falta

    ¡Acabar con la pobreza es posible!





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